Luis Rodrigo Medina
La obra de Luis Rodrigo Medina invita a la contemplación casi obsesiva. La combinación hibrida de los materiales empleados en su pintura permite entender significados múltiples asociados con la imagen colectiva y la memoria. Es a través de esta sintaxis donde los símbolos de la infancia se combinan con la nostalgia y la reflexión del pasado.
Signos directos y momentos claves son interpretados intensamente a través de los trazos casi geométricos que promueven técnicas hibridas –cinta, óleo, grafito- y que con profunda intensidad determinan un lenguaje sugerente. El trazo meticuloso de cada línea superimpuesta a manera de capas logra una profundidad exquisita en las imágenes expuestas, significados coincidentes, en diálogos de patrones reconocibles: poder y sentirse protegido.
La obra de Medina muestra un proceso de cambio progresivo, experimental y de absoluta transición. Sus primeras obras demuestran los procesos personales y de relaciones directas entre el artista, la calle, la ciudad, lo social y los demás. Esos “demás” son su interpretación constante; figuras y sombras, pinturas a manera de lenguaje escrito casi cartográfico y sutil desvanecido siempre en lienzos blancos.
Medina encabeza un manifiesto social propio, visual y emotivo. Donde el simbolismo de su obra interpreta latitudes y patrones precisos con profunda sensibilidad a través de un actor extraño, mitad hombre mitad oso: humano, afelpado, tierno, molesto y/o sexualmente hambriento. Igualmente muestra un lado femenino, infantil y sensible, pero con una mirada de ruptura al llanto en silencio.
La obra quizás es un dialogo emocional propio, sin atavíos o prejuicios, simple y directo, llena de recuerdos, nostalgias e imágenes cercanas. Es la evidencia de un trabajo en madurez directa, un lenguaje característico y experimental, pero igualmente a través de una técnica propia y bien definida. Es la imagen de lo contemporáneo y lo asertivo. Es una invitación a un dialogo interior, abierto y directo a la propia experiencia personal.