Luis Rodrigo Medina

 

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© Luis Rodrigo Medina

Luis Rodrigo 

 

La obra de Luis Rodrigo invita a la mirada casi obsesiva. La combinación híbrida de los materiales empleados en su producción visual permite entender significados múltiples asociados con la imagen colectiva y la memoria.  Es a través de esta sintaxis donde los símbolos de la infancia se combinan con la nostalgia y la reflexión del pasado.

 

Signos directos y momentos claves son interpretados intensamente a través de trazos disueltos, superposición de elementos que se mimetizan y casi desaparecen en el espacio de exposición y que promueven técnicas y materiales variados –cinta, acrílico, neón o grafito- y que con profunda intensidad replantea el lenguaje de las artes visuales.  La intención meticulosa de cada línea trazada se presenta a manera de capas que logran una profundidad exquisita en las imágenes expuestas, significados coincidentes,  en diálogos de patrones reconocibles: poder y sentirse protegido.

 

La obra de Luis Rodrigo muestra un proceso de cambio progresivo y agresivo, experimental y de absoluta transición. Sus obras demuestran los procesos personales y de relaciones directas entre el artista, la calle, la ciudad, lo social y los demás. Esos “demás” son su interpretación constante; figuras y sombras, pinturas y piezas, a manera de escrito casi cartográfico y sutil coexistente en todas dimensiones.

 

Su obra está llena de momentos y referencias de un pasado plástico inmediato, los 70’s como partida, el arte conceptual y el objeto, -casi en dialogo cercano al sincretismo de Beuys- pero con un lenguaje claramente diferenciado y el objeto como parte intrínseco a un todo, el de la composición postmoderna y neo-objetivista, pero de profundidad lingüística. La obra es en momentos irónica pero fuertemente conciliatoria, libre de barreras geográficas y universal.

 

Luis Rodrigo encabeza un manifiesto social propio, visual y emotivo. Donde el simbolismo de su obra interpreta latitudes y patrones precisos, con profunda sensibilidad a través de un actor extraño, mitad hombre mitad oso: humano, afelpado, tierno, molesto y/o sexualmente hambriento. Igualmente muestra un lado femenino, infantil y sensible, pero con una mirada de ruptura al llanto en silencio, en ocasiones a través de piezas que reclaman atención desde la oscuridad y se manifiestan con intensos trazos de luz.

 

Su obra quizás es un dialogo emocional personal, sin atavíos o prejuicios, simple y directo, llena de recuerdos, nostalgias e imágenes cercanas. Es la evidencia de un trabajo en madurez directa, un lenguaje característico y experimental, pero igualmente a través de una técnica peculiar y bien definida.  Es la imagen de la reflexión y lo asertivo. Es una invitación a un dialogo directo a la experiencia personal propia, íntima y silenciosa.